
jueves, 21 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
La Historia de Don Alejo Garza
Gracias por su pluma, perdón, seré anticuado, por su teclado Don Arturo.
La historia de don Alejo Garza
Hay un episodio reciente que ha pasado inadvertido para la mayor parte de los medios de comunicación españoles. Quizá porque no es modelo de mansedumbre y buen rollito, y resulta socialmente incorrecto al haber pistolas, escopetas y toda clase de armas de por medio. Y en este país imbécil que habitamos y que nos habita, de ahí a llamarle ultraviolento y facha -etiqueta adhesiva polivalente- a su protagonista, incluso a quien se refiera a él, hay menos que el canto de un euro. Pero me importa un carajo. Como decía mi abuelo, hay cosas que alientan la virtud, o al menos cierta clase de ella, aunque no se trate de la que anda al uso. Así que, bueno. Quien sepa ver virtudes en esta historia, que las aproveche. Y el que no, pues oigan. Que le vayan dando.
Se llamaba Alejo Garza Támez, tenía 77 años y era empresario maderero con rancho en Tamaulipas, México. Nadie le había regalado nada: llevaba toda la vida trabajando, y cuanto tenía lo ganó con sudor y trabajo. Aficionado a la caza y la charla con los amigos, era respetado por sus vecinos; de esos hombres cuyo apretón de manos y palabra valen más que un contrato firmado. Su desgracia fue que, en los últimos tiempos, Tamaulipas, como buena parte de México, se ha convertido en territorio comanche: narcos hasta en la sopa. Y hace dos meses, el sábado 13 de noviembre, con precisión de corrido de los Tigres del Norte, los sicarios del cártel de allí fueron a decirle muy gallitos que ahuecara. Que su propiedad les interesaba, y que debía arreglarse con ellos. Veinticuatro horas para pensarlo, dijeron. Luego aténgase a las consecuencias. Que, tal como andan las cosas en esa tierra, se resumían en una: velatorio con cuatro cirios encendidos en las esquinas y ataúd en medio. El suyo.
Don Alejo se lo pensó, en efecto. Con casi ochenta tacos de almanaque, concluyó, lo mío anda más que amortizado. Se le hacía cuesta arriba cambiar de rancho, a su edad. Así que, parafraseando a Cervantes, se dijo aquello de balas tengo, lo demás Dios lo remedie. Hasta aquí hemos llegado. Reunió a los trabajadores del rancho, les pagó lo que les debía, y ordenó que al día siguiente no fuese ninguno a trabajar. Quiero estar solo, dijo. Luego hizo recuento de armas y municiones -ya he dicho que era cazador- y pasó el resto del día en preparar la casa para su defensa, poniendo barricadas en las puertas y disponiendo escopetas y cartuchos para disparar en cada ventana. La noche fue larga, de poco sueño y mucha alerta, atento a cualquier ruido exterior. Supongo que se quitaría el frío con una botella de tequila y mataría las horas con cigarrillos. Tal vez había dejado el tabaco años atrás, por la salud, y volvió a fumar esa noche. Es así como imagino a don Alejo: sentado en la oscuridad con un rifle semiautomático entre las piernas, los bolsillos llenos de cartuchos, un tequila en una mano y la brasa roja de un cigarrillo en los labios, entornados los ojos para escudriñar la noche, atento a los sonidos del exterior. Recordando a ratos su vida. Esperando.
A las cuatro de la madrugada sonaron motores. Bajando de varias camionetas, armados hasta los dientes con fusiles de asalto y muy seguros de sí, como suelen, una veintena de sicarios se encaminó a la casa, gritando que tomaban posesión del rancho. Que todo el mundo saliese afuera, con las manos en alto. Entonces, en el interior, don Alejo apuró el tequila, apagó el último pitillo con el tacón de sus botas de piel de iguana y empezó a pegar tiros.
Fue un verdadero combate, largo e intenso. Hasta granadas usaron. Desde los ranchos cercanos se oyó mucho rato el crepitar de las balas y el retumbar de las explosiones. Don Alejo vendía cara su veterana piel. Y cuando a la mañana siguiente tropas de la Marina mejicana llegaron al lugar, aquello parecía un campo de batalla. La casa todavía olía a pólvora, acribillada por centenares de disparos e impactos de granadas. El interior, destrozado a tiros, se veía alfombrado de casquillos de bala disparados por don Alejo; que yacía muerto junto a una ventana, con el rifle todavía cerca. Se había llevado por delante a cuatro gatilleros, cuyos cadáveres estaban tirados delante de la casa. Dos sicarios más, gravemente heridos, a los que sus compañeros habían dejado atrás por creerlos muertos como los otros, vivieron lo suficiente para contar la historia. El viejo peleó como una fiera, dijo uno. Hasta el último cartucho.
Colorín, colorado. Ésta es la vida y la muerte, real como la vida y como México mismo, de don Alejo Garza Támez. Si el ejemplo es edificante o no, allá cada cual con lo que entienda. Yo me limito a contar la historia de un abuelete de Tamaulipas a quien los poderosos -los narcos, en su caso- dijeron que se hincara de rodillas, y no quiso. Le daba pereza.
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=6007&id_firma=12754
Aqui les dejo un par de enlaces de youtube que les ampliarán la noticia.
Y recuerden, para muchos de nuestros “paisanos” Don Alejo no es más que un fascista, un egoista y un acaparador por no querer repartir lo suyo, que aunque ciertamente le costó una vida construir podía haber compartido con esos pobrecitos narcos, o incluso haber solucionado el problema hablando, que así, dicen, se entiende la gente.
Lástima que esos que hablan del buen rollito y las alianzas de incivilizaciones y demás estupideces, solo lo hablen desde un despacho protegido por personal armado, desde vehículos blindados, desde urbanizaciones privadas y clubs más privados. Protegidos, por supuesto, con los pechos de fascistoides, para ellos bienpensantes y políticamante correctos, fascistoides, decía, armados, de pelo corto y armas en la cintura, a los que en este caso no dudan en contratar y, más por supuesto, despreciar y vilipendiar.
Disfruten la historia si lo creen aceptable, y para los que no la creen aceptable…. bueno, como dice Don Arturo, que les den.
http://www.youtube.com/watch?v=Wfo6jhQzGQs&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=MQU0d6e6YYI
sábado, 19 de marzo de 2011
El Imperio del Sol en llamas

Japón se hunde, no hace falta dar detalles, ya lo están haciendo todos los medios.
martes, 22 de febrero de 2011
TIERGARTEN Últimas páginas del diario de la patrulla TANGO.

Hemos llegado al punto de inserción. Somos seis, nos hemos preparado, estamos listos ¿Será suficiente?
Solo portamos nuestras secundarias, pasar la frontera con el equipo pesado no era una opción. El mando nos advierte, ¡¡Estén listos!!, secundarias amartilladas, todo es posible.
Esperamos fuerzas hostiles nada más ser insertados. Esperamos cualquier cosa.
No hay nervios, preferimos llamarlo tensión.
Repasamos el equipo, coordinamos la inserción, tres hombres para cada lado del camino, solo el capitán marca los movimientos, el resto atento, podemos caer nada más empezar.
Todo es posible.
11:45h, Saltamos desde nuestro transporte.
La zona de inserción está al descubierto, nuestro capitán es el responsable del despliegue, nos lleva al bosque, no sabemos si nos esperan, pero a los árboles llegamos sin contacto.
Perímetro, aseguramos posicionamiento, tenemos un río a no más de 100 metros, buscamos la rivera, descendemos por binomios y nos ocultamos en la espesura, perímetro y reunión.
Nuestros GPS aseguran que la inserción ha sido correcta, marcamos ruta y aseguramos los puntos principales en nuestros mapas, nuestros hombres turnan su atención entre la vigilancia y el camuflaje de sus caras.
Capitán y comandante cruzan la información, John se encarga del mapa, yo de entender las órdenes.
Las instrucciones marcan el punto de lanzamiento del armamento pesado y la franja en la que nos cubrirán con cortina de fuego: 12:00h.
Es tarde, la inserción se ha retrasado, seguimos la ruta sin saber si encontraremos nuestro equipo, empiezo a pensar en mi rifle, sin él en mis manos no puedo creer en el éxito. Mis hombres empuñan sus pistolas, sus dedos se crispan sobre las empuñaduras, poca potencia de fuego y poca munición, no sabemos como saldremos de esta.
Apretamos el paso, avanzamos a cubierto, tenemos 3 Km. en línea recta al punto de recogida. Convertimos la distancia en el doble. No podemos arriesgar. Caminamos a cubierto, rápido, rápido, en silencio. Cada 1000 metros una parada, perímetro, asegurar ruta, recuperar aire y seguir.
El tiempo no acompaña. La prometida lluvia –nuestra aliada para proporcionarnos cobertura- no aparece, caminamos con el cielo raso, salimos a una pista, somos visibles al menos durante 1500 metros. Avanzamos por la linde de la pista y obtenemos cobertura en la zona de recogida del armamento.
El GPS marca las coordenadas correctas, pero no hay nada, no hay equipo, no hay munición, seguimos sin potencia de fuego y el crono corre. Hay que inutilizar una estación de radió, los hombres lo saben ya. ¿Vamos a por el objetivo solo con armas cortas?
Contactamos con el mando, las armas serán enviadas al punto, pero ¿Se trata de una trampa? ¿Estamos en medio de un sencillo juego político? ¿Somos carnaza?
Decidimos asegurar la entrega, nos planteamos si ejecutar a los responsables y confiscar el vehículo, finalmente optamos por desconfiar y recoger la carga sin aplicar fuerza.
Detenemos el transporte, recogemos nuestro armamento y nos perdemos en el bosque: 1800 metros hasta la estación de radio. El peso de las armas nos imprime valor, los pies vuelan, nos movemos como sombras y llegamos rápido a un punto cercano a la estación de radio.
Todavía no lo sabemos pero ya hemos comenzado a pagar el precio, uno de nuestros hombres está herido, se ha lesionado durante la recogida. Calla, suda, sufre, aguanta y calla.
“Capitán John, forme un perímetro, 270 metros al objetivo”,
Marcamos el punto. Ordeno rápido y contundente:
“Silencio absoluto, dejamos el peso extra, fuera mochilas, trinchas y carga de agua. Hay que atacar ligeros y replegarnos rápido.”
Nos aproximamos, son al menos cinco, están instalando la estación, les dejamos hacer.
Hemos tenido suerte, dejan solo a dos guardias y el vehículo enemigo se aleja.
Atacaremos por binomios: John y Snake a flanquear, Thor y Barny ataque frontal al escuchar disparos, Chronus y Georgius inician ataque en 10 minutos.
No hay nervios, preferimos llamarlo tensión.
Son rusos, tengo uno a 70 metros, al otro no lo veo. Lo pongo en la cruz de mi rifle. ¿Han pasado los 10 minutos? Creo que si, apunto alto.
No puedo fallar. Es un disparo sencillo, fácil, el objetivo está en el centro de mi cruz, No puedo fallar.
Pero fallo. El disparo impacta en una rama, en una pequeña rama, el destino hace que la bala se pierda junto a la cabeza de mi victima.
Se desata el caos, me aplasto, recargo, apunto.
El ruso se cubre, aprovecho para dar órdenes: ¡¡Chronus voy a llamar su atención, cúbrete y sorprende!!
Disparo, llamo su atención, corro, corro y recargo, oigo las ráfagas, oigo las ráfagas, jodidos Ak, me tiro al suelo, no llegan, sus putas balas no llegan, me aplasto, silencio, me aplasto y me pierden.
Veo como el segundo centinela busca, rastrea, va directo a Chronus. Disparo tumbado, sin apuntar con el rifle tirado junto a mí, me mira, ha oído el disparo, va a eliminarme.
Levanta la mano. Junto a su cara, rozando su nariz, el arma de Chronus. Uno menos.
Aún le queda sangre en las venas, gesticula para avisar al otro centinela. Le disparo, escucha silbar mi proyectil, me mira con su último aliento y calla para siempre.
Queda uno.
No hay nervios, preferimos llamarlo tensión.
John ataca y cae.
Thor ataca y cae.
Flanqueo, me dejo ver y sigo disparando, lo estoy consiguiendo, le distraigo pero no hago blanco, bastante tengo con alejarme de sus ráfagas.
Me pesa el fallo en el primer disparo, soy el culpable de este estúpido ataque. Tengo que remediarlo.
Dejo el rifle, saco una granada, saco mi pistola, me lanzo a la carrera, granada y cargador de pistola, explosión, se aparta, me ve, me dispara, caigo hacia atrás me ha alcanzado pero mi caída veo que levanta la mano. Ha descuidado su flanco, ha caído, la radio es nuestra, coño, la radio es nuestra.
Ya no siento nada más. He debido perder el conocimiento, lo siguiente que escucho es la voz de mis hombres:
“Arrastrarlo, arrastrarlo, la herida es leve, no es nada, arrastrarlo.”
30 minutos y la patrulla está completa de nuevo. Solo heridas leves, un Comandante que recupera el control aunque por dentro pesa más el disparo fallado que los kilómetros y el equipo de combate.
Somos seis, tengo cuatro buenos soldados y un mejor capitán, compartimos opiniones, la radio está destruida, pedimos ataque aéreo y nos alejamos. 100, 350, 450 metros, corremos.
Necesitamos salir del radio de acción del fuego aéreo. Corremos, faltan dos minutos, un minuto, 30 segundos, el GPS marca los metros, el pulso marca los segundos.
850 metros. Conseguido, nos derrumbamos a cubierto, entre árboles y maleza, ni siquiera preparamos un perímetro, solo enviamos posición. Comemos, bebemos, respiramos.
Hay un hombre herido, no puede seguir corriendo, Calla, suda, sufre, aguanta y calla.
¿Y ahora?
Deben descansar, han pagado su precio, uno de ellos no puede seguir el ritmo. Suda, sufre, aguanta y ya no calla, ya no puede callar, duele, su cara, bajo el negro y verde duele.
No hay nervios, preferimos llamarlo tensión.
19:00h, última comunicación del equipo TANGO:
Solo el soldado snake está con vida con heridas leves.
La sangre de sus compañeros cubre su cuerpo, esto ha despistado al enemigo.
Se encontraron dos cadáveres más, soldados rusos sin identificación.
martes, 7 de diciembre de 2010
WRG Vallecas, un día de diversión





No mucho que contar de esta partida aunque tuvimos muchas y muy buenas cosas:
Un buen número de soldados del Tercio.
Un campo al que tendremos que sacar todo el jugo
¡¡Un puesto de perritos y patatas para entre y despues del juego!!
y por supuesto algunas fotillos que nos recordarán tan grato día.
El resto de fotos en el Facebook...para deleite del gran público.
Soldados, fué un día la mar de divertido.
domingo, 7 de noviembre de 2010
IMPLICACIÓN NECESARIA II

Cuatro soldados del Tercio camino de los montes Alaveses.
Hemos asistido a uno de los eventos más duros de los últimos tiempos.
No hay mucho que contar, hacía falta estar allí para sentir la dureza del terreno. Frío y viento -y menos mal que la lluvia solo hizo aparición de forma breve- dificultades para orientarnos, agotados cuesta arriba y agotados cuesta abajo, con todo el equipo a cuestas -y gracias que no llevamos demasiado-
Y delante, guiándonos y dándonos moral -pues ver como caminan, se mueven y cargan con un verdadero equipo de montaña da moral, mucha moral- tuvimos al equipo ASG.

La primera misión era llegar a tiempo a proteger el descenso en rapel de los ASG. No llegamos. 20 minutos nos separaron de su descenso. No se presentó el enemigo, de haberlo hecho nuestros camaradas habrían estado solos.

Elegimos bien la ruta de ascenso al primer punto -1050 metros- y llegamos al punto exacto. Entonces tomé la decisión incorrecta: Todo recto hacia abajo, al valle, directos al punto de encuentro. Fue un error. Rompimos monte durante un Km. y después nos toco retroceder, buscar los caminos -que nos alejaban del punto pero que nos llevaron a él-. El monte era demasiado espeso, mi miedo a perdernos pudo más que el necesario sentido común, y llegamos tarde, 20 minutos tarde.

La siguiente misión consistía en enterrar el equipo de escalada de ASG y fijar un punto de espera. No fue así. No extrajeron en un vehículo y nos dejaron esperando un buen rato ¡¡Unas cinco horas!!.

Fue demoledor, frío y viento con pequeñas ráfagas de lluvia. Descansamos pero de mala manera, dejando agotar la mente por la falta de instrucciones.
Llegó la siguiente misión: Patrullar una cuadricula del mapa en busca de enemigos. Lo hicimos precedidos de los hombres de ASG. No había enemigos. Recorrimos unos cinco Km monte arriba, monte abajo y otra vez a esperar.
ASG se marchó a una nueva misión, nosotros esperamos instrucciones. Marcamos un punto de extracción. 1 Km 300 metros, 1 hora para llegar. Parece fácil, fue horrible. Bordeamos la carretera, sin salir del bosque, sin ser vistos. Enviamos coordenadas, esperamos un par de horas, a cubierto. Llegaron los todo terreno, nos llevaron al HQ, llegó el sueño, unas horas de dormir ¡¡Por fin!! y el ejercicio se dio por finalizado.

Varias veces estuvimos a punto de abandonar. No nos pudo el ejercicio físico -estuvimos a punto de romper pero aguantamos- pero el no encontrar enemigos, el andar de un lado para otro nos rompió el espíritu, nos agoto. Escuché propuestas de abandono, escuche ¿Para que estamos aquí?, escuché "esto es un excursión por el campo", pero aguantamos.
La operación se llamaba Implicación Necesaria, fue necesaria mucha implicación. La próxima estaremos mejor preparados, irán los que de verdad se impliquen, los que se muestren con fuerza, física pero sobre, todo mental.
Hemos pasado nuestras opiniones a los organizadores. Nos lo han agradecido y espero que cuenten con nosotros para la próxima.
Tercio, una más. Estuvimos y llegamos al final.